Después de la comida no siempre viene la siesta

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Los que tienen sed han roto definitivamente con los que tienen hambre. De un tiempo a esta parte, la tensión entre ambos grupos se había acrecentado pero hace unos días la situación se tornó insostenible. Los que tiene sed se quejan de que los que tienen hambre les menosprecian constantemente en la mesa. Por su parte, los que tienen hambre dicen que los que tienen sed son unos exagerados y que ellos simplemente tratan de hacer más amena la velada: “El hecho de que a veces el objeto de las burlas recaiga sobre los que tienen sed es solo una coincidencia, a veces ellos también se meten con nosotros”—argumenta uno de los que tiene hambre. A pesar de ello, los que tienen sed dicen que la ruptura es definitiva y que no volverán a compartir mesa con ellos. Además —enfatizan— esto no es un problema de ahora; desde que se montó la mesa, la desigualdad está presenta y se aprecia en que, por ejemplo, la mayoría de la cubertería está destinada a satisfacer las necesidades de los que tienen hambre. Si te fijas, ¿cuántos utensilios hay para comer? —nos preguntan retóricamente. Cucharas, cuchillos, tenedores… encima cada uno de ellos de varios tipos: grandes, pequeños, para carne, para pescado, para el postre… ¿Y platos? ¿Cuántos tipos de platos distintos se pueden usar en una comida? Planos, hondos, alargados, para las cáscaras…. Hay de todos los tipos. Además hay cuencos, ensaladeras… ¡tienen de todo! Pero para nosotros… —protestan— ¿qué tenemos? hay vasos y poco más. Es cierto que en algunas ocasiones les da por cuidarles y les sacan copas o vasos anchos, pero ¿a quién pretenden engañar? Esos casos no se suelen dar en la mesa. Quizá en los bares, pero no en la mesa. Y cuando esto ocurre es en contadas ocasiones ya que los que tienen hambre dicen que solo son para las ocasiones especiales como las navidades y los cumpleaños —sentencia. Según los que tienen hambre las copas son muy frágiles y si se sacaran todos los días terminarían rompiéndose. Pero los que tienen sed creen que solo son excusas y que en realidad lo hacen porque saben que si atendieran a sus demandas luego vendrían más peticiones ya que saben que no se conformarían con estas pequeñas concesiones. Saben que lo que queremos —nos cuenta en primicia uno de los que tienen sed— es sentarnos en la mesa en las mismas condiciones que ellos. Por eso utilizan estos trucos, para tener controladas nuestras exigencias. Así estamos siempre estancados en el eterno debate de cuándo podemos usar las copa y cuando no; obligándonos a dejar de lado el problema de fondo. Y es que no es una cuestión de cosas puntuales, como el problema de las copas —nos explica— ahí es solo cuando se materializa. El hecho es, y este es el punto clave, que los que tienen hambre se creen superiores a los que tenemos sed. Todo se reduce a eso—nos asegura. Creen que por tener que hacer un mayor despliegue cuando se sientan a comer ya tienen derecho a infravalorarnos y no se dan cuenta de que sin comer se puede sobrevivir hasta una semana pero que sin beber no llegas ni al tercer día. Su sentimiento de superioridad depende de sus valores y eso tiene que cambiar.

De esta manera nos reivindican la importancia de tener sed y exigen su lugar en la mesa, un lugar sin menosprecios ni superioridades. Mientras la aparente ruptura entre unos y otros se mantiene a la espera de avances, en las relaciones aquellos que tienen sueño parecen observar la disputa con los ojos medio cerrados desde el sofá.

Ángel Sánchez-Rodríguez

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Redes anti-sociedades

MyriamsLas redes invisibles te persiguen. Quizá no lo notes porque todavía no te han alcanzado pero están ahí, detrás de ti, al acecho. Nunca las ves llegar ni te das cuenta de su presencia hasta que el fétido aliento de su abrazo ya ha empapado y tupido tus poros. Es solo en ese momento cuando te das cuenta de su existencia. La gente no habla de ellas, la mayoría ni siquiera las piensa. Cada vez son más, más rápidas, más flexibles, más resistentes. Algunas apresan tus pies, otras tus pulgares, tu corazón y tus entrañas; pero otras, las más tóxicas, recubren tu alegría, o lo que es aún peor, tu tristeza. Las hay que atrapan tus recuerdos, tu atención y tus proyectos. Pero también las que envuelven a tus padres, a los que fueron tus mejores amigos o a tus exparejas.

Cuentan que una gran red se aproxima, la más grande y gruesa jamás vista, que opacará los conceptos de cuyos objetos se hacían cargo las anteriores redes. Lo bueno del día en el que esa red llegue y nos atrape es que también se cubrirá las preocupaciones sobre estas cuestiones; desaparecerán como desaparece la capacidad de formar recuerdos tras varias copas de Whisky, haciendo que pase lo que pase será como si nunca hubiera pasado.

Pero hasta que llegue ese día toca correr y esconderse para esquivarlas y luchar y gritar para ahuyentarlas. Esto no es, ni mucho menos, una tarea sencilla, puesto que una vez te atrapa la primera tus energías y recursos merman, lo que hace que sea más fácil que te atrape la segunda. De la segunda a la tercera no hay más que un salto, de la tercera a la cuarta un paso y de la cuarta a la quinta un suspiro. Hay a quienes ya ni se les reconoce por las capas de pintura que les envuelven porque, aunque las redes son invisibles, al contacto con la piel y con el alma se tiñen de distintas tonalidades. Mires a donde mires es probable que solo veas personas que parecen arcoíris, patéticas en su existencia, y que no concibas la posibilidad de que eso te pueda ocurrir a ti también. Sin embargo, te ocurrirá, antes o después pasará. Las únicas incógnitas son cuándo y cuántas, porque los que no fueron son, y los que no son serán, víctimas de ellas. Hasta que llegue el día en el que, según cuenta la profecía, una tupida capa nos opaque los ojos no seremos libres. A esa es a la libertad a la que aspiramos.

Ángel Sánchez-Rodríguez

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Resistiendo a la tentación

FreephtCada familia infeliz tiene un motivo especial para sentirse desgraciada; pero las familias felices se parecen unas a otras. De hecho, hay quien dice que son idénticas, como gotas de lágrima. Hay quien incluso piensa que se van reproduciendo y avanzan conquistando el tejido social, como si de células cancerígenas se tratasen. Caminan por el mundo orgullosas de su casa, su coche, su jardín y su perro e intentan convencer a sus vecinos con una perpetua sonrisa en la cara. Les llaman a la puerta con una cesta con lacito entre las manos que contiene un poco de felicidad —es la versión de prueba. Si la prueban y les gusta tendrán que empezar a pagar la mensualidad para que les llegue regularmente a su puerta cada semana. Las familias infelices conocen la trampa y apagan la luz y bajan el volumen de la música cuando las sienten acercarse. Dejan de bailar y se quedan dentro de la casa muy calladas y muy quietas aguardando a que las familias felices se cansen y se marchen. No quieren ni acercarse a la tentación. Cuando por fin pasa el peligro se sientan en sus viejos sillones y se recrean en su infelicidad respirando profundamente.

Mi pequeño homenaje a Tolstói

Ángel Sánchez-Rodríguez

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Al acecho

clock by caféTenía exactamente tres minutos y treinta y tres segundos para pensar lo que les diría antes de que vinieran a matarme. ¿Por dónde empezar? Podría abogar por su compasión, por su ternura; pero este tipo de gente las considera una debilidad y los débiles, según ellos, no deberían existir. ¡No! Eso les daría más argumentos para matarme en lugar de perdonarme. Debe de haber otra estrategia mejor, otra manera de hacerles entrar en razón. Mierda, ya solo me quedan dos minutos y medio. ¡Piensa, piensa! ¿Y ocultar el miedo? ¿Y afrontar su decisión con resignación y valentía levantando el mentón mientras les miro a los ojos sin temor cual final épico de película? Quizá así se apiaden. Pero… ¿Por qué me engaño? Aunque quisiera, no podría. Si ya se me está acelerando el corazón y me sudan las manos, cómo disimular el terror cuando lleguen en… ¿50 segundos sólo? ¡No puede ser! ¿Desde cuándo pasa el tiempo tan rápido? Necesito una solución. ¿Qué puedo decirles? Necesito alguna gran idea, algo que les quite de la cabeza las ganas de…

Ángel Sánchez-Rodríguez

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Tambores de paz

alps-2094530_960_720Aquella mañana algo diferente se respiraba en el ambiente. La atmósfera había amanecido más limpia y clara que de costumbre, como con una especie de energía renovada. La bruma propia del despertar del día comenzaba a disiparse permitiendo distinguir al pequeño pueblo del resto de la ladera de la montaña. A pesar de no ser propio de aquella época del año, la energía del sol irradiaba exultante. Su luz empezaba a regar los hogares a través de las ventanas y sus sedientos habitantes corrían hacia ellas a recoger las abundantes gotas de esperanza que les llegaban. Las miradas de complicidad, todavía medio dormidas, empezaban a cruzarse ante la expectativa. Algunos ceños fruncidos desconfiaban pero eso no evitaba que las luciérnagas nadaran a sus anchas en los ojos de los habitantes del lugar.

Aquella mañana, por primera vez en más de dos años, el cielo no amanecía de color rojo sangre. No. Aquel alba despertaba vestida con un traje de intenso color de futuro y las tórtolas y los robles y los mirlos lo celebraban. En realidad, nada sabían con certeza, solo eran habladurías, pero todos anhelaban por igual la llegada de la noticia. Esa noticia que devolvería a los mozos del pueblo sanos y salvos a la cocina de sus padres, dónde podrían sentarse a la lumbre a descansar sus torturados pensamientos. Solo necesitaban una noticia, unas simples palabras, para poder volver a dormir tranquilos y no ser atravesados por el terror que supone la proximidad de lo inevitable cuando oían cualquier ruido extraño en mitad de la noche. ¡Triste condena la del tener que estar siempre alerta! Siempre pendientes del camino; del único camino que unía el pueblo con el mundo, con la constante amenaza. El mismo camino que trajo a los soldados y se llevó a sus hijos reclutados dos años atrás. Durante incontables mañanas aquel camino solo había prometido traer hambre y guadañas; pero aquella no. Aquella mañana, lo que prometía traer, eran tambores de paz.

Ángel Sánchez-Rodríguez

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Relación entre cultura, religión y fundamentalismo

Difícil posición la que crean la cultura y la religión al entrar en contacto. Sus límites no se encuentran bien definidos y no es difícil confundir la una con la otra a la hora de buscar posibles causas que clarifiquen al auge de los fundamentalismos religiosos, entendidos estos como la creencia de que hay un conjunto de enseñanzas religiosas que contiene claramente la verdad fundamental acerca de la humanidad y la deidad (Altemeyer & Hunsberger, 1992).

Fuente: redune.infoayuda.over-blog.com

Fuente: redune.infoayuda.over-blog.com

En los últimos años, los procesos de globalización han llevado a cabo una homogenización de las diferentes culturas a favor de la cultura dominante, sea esta, mayoritariamente, la importada desde Estados Unidos y Occidente. El principal efecto acaecido a causa de la globalización ha sido la deculturación o pérdida de cultura. Esta posición implica el rechazo de afirmaciones tales como la existencia de un “choque de civilizaciones” (Roy, 2006). La adopción de nuevas religiones en Europa, tomando como ejemplo más destacado el Islam, ya haya sido mediante las migraciones o las conversiones, no ha llevado a imponer las prácticas culturales que tales religiones acarrean en sus lugares de origen, sino a aceptar la cultura dominante y adaptarse a ella (Roy, 2010).

La incorrectamente denominada comunidad musulmana, ya que carece de conexiones a parte de las identitarias, residente en Europa, practica una religión adaptada a la globalización y por tanto a la cultura dominante (Roy, 2013). La secularización, práctica que consiste en separar la religión y el estado, también es aplicada a estas “nuevas” religiones que, a pesar de acatar la normativa que les incumbe, sufren la degradación de contemplar las concesiones que las religiones mayoritarias (cristianas en su mayoría) reciben, debido a que la secularización, en la práctica, consiste en hacer las referencias religiosas más irrelevantes para la sociedad, la vida diaria y la cultura, acompañada del descenso de las prácticas religiosas individuales pero sin eliminar las influencias que mantienen con las instituciones estatales (Roy, 2013).

Considerando el efecto que la globalización y la secularización han provocado en las sociedades consideradas actualmente laicas, creando una desconexión entre las señas de identidad culturales y religiosas, no es de extrañar la creciente adhesión al mercado de las religiones que ofertan nuevos modelos de respuesta capaces de aportar un cierre a la necesidad de búsqueda de significado (Significance Quest: Kruglanski et al., 2014) que se ve aumentada debido a la deculturación, ya que esta se acompaña de la pérdida de valores tradicionales. Esta crisis cultural y religiosa causada por la globalización es la que favorece el crecimiento de las comunidades religiosas. Si ya Foucault (1978) se viera tentado a prescindir de la secularización espiritualizando la política, no se aleja de sus predicciones que la creciente situación de inestabilidad socio-económica y las nuevas propuestas de cambio lleven a que pequeños sectores busquen otras alternativas como pueden ser el Islam, el Budismo o las antiguas religiones étnicas.

A esta afirmación se ha de añadir el hecho de que los fundamentalismos son las formas de religión mejor adaptadas frente a la globalización ya que toman como principio base su propia deculturación para hacer de ella el instrumento de su pretensión de universalidad. Estos fundamentalismos constituyen una forma de liberación. Así, hemos de encontrar la fuente de los fundamentalismos en la deculturación de lo religioso y no en el “choque de culturas” (Roy, 2010).

Fuente: infocatolica.com

Fuente: infocatolica.com

El problema de los fundamentalismos en la actualidad es que ofrecen identidades fuertes y cerradas que, sin negar la realidad, ofrecen una alternativa válida y atrayente dado su componente anti-globalización. Cada vez más jóvenes integrados en sus comunidades las abandonan voluntariamente para alistarse en las filas de organizaciones fundamentalistas que abusan del terror por medio del exterminio de aquellos que se oponen a sus ideas.

La actual deriva en busca de ideologías y valores a los que aferrarse no solo está contribuyendo al crecimiento de ideologías políticas radicales de derechas e izquierdas. También es la base que proporciona argumentos a los fundamentalismos religiosos a la hora de optar por el camino de la violencia.

Publicado en el blog Ssociologos: http://ssociologos.com/2015/10/23/relacion-entre-cultura-religion-y-fundamentalismo/

Referencias

Altemeyer, B., & Hunsberger, B. (1992). Authoritarianism, religious fundamentalism, quest, and prejudice. International Journal for the Psychology of Religion, 2(2), 113–133. doi:10.1207/s15327582ijpr0202

Foucault, M. (1978). ¿Con que sueñan los iraníes? Triunfo. Año XXXII, N. 822, 53–55.

Kruglanski, A. W., Gelfand, M. J., Bélanger, J. J., Sheveland, A., Hetiarachchi, M., & Gunaratna, R. (2014). The Psychology of Radicalization and Deradicalization: How Significance Quest Impacts Violent Extremism. Political Psychology, 35, 69–93. doi:10.1111/pops.12163

Roy, O. (2006). El Islam en Europa : ¿una religión o una cultura diferente? Madrid: Editorial Complutense.

Roy, O. (2010). La santa ignorancia: el tiempo de la religión sin cultura. Barcelona: Ediciones Península.

Roy, O. (2013). Secularism and Islam: The theological predicament. The International Spectator, 48(1), 5–19. doi:10.1080/03932729.2013.759365

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Historia de un inodoro parisino

Hace unos meses noté que la cisterna del váter no funcionaba bien, no le di importancia. Días después me di cuenta de que perdía un poco de agua, cosa insignificante que no robó mi tiempo. Con el paso de los días la insignificancia se convirtió en temor. La expectativa de mis habilidades en cuestión de fontanería me llevó a infravalorar la ayuda de profesionales, por lo que posteriormente tuve tiempo para arrepentirme, achicar agua y pagar mi ignorancia con la visa.

Unas semanas después el maldito hilillo de agua volvió a hacer su aparición en el inodoro. Mis angustias nublaron mi pensamiento y tras días de observación comprendí que, realmente, iba a peor. Mis renovadas habilidades de fontanero, basadas en mis estudios de observación del susodicho profesional que previamente arregló la cisterna, me llevaron a niveles de pensamiento superiores. El carácter cíclico de la vida y la estupidez humana se me presentaron como verdades absolutas mientras me arremangaba los pantalones para no mojarme. El diagnóstico fue fatídico, me hallaba ante la muerte de mi inodoro, ese que siempre había estado ahí, que tanto me había proporcionado y al que nada le había dado. Tarde me di cuenta de los daños que mi estupidez podía llegar a causar, demasiado tarde.

Un lugar equivocado

Un lugar equivocado

Cuanto más leo esta historia, más estúpida me parece. Más inútiles me parecen los lloros por aquello que dejamos pasar conscientes de su potencial. Más vergüenza siento al recordar que hace unos años DAESH, el autodenominado Estado Islámico, no estaba formado por más de una centena de yihadistas. Que sólo cuando ya es tarde movemos posiciones. Que los sufrimientos de otros sirven para justificar las políticas de los intereses (entiéndase interesados) y el futuro de los que sólo pedía libertad, pan y dignidad se queda al pie de una frontera.

Fue llamada la primavera árabe de Siria y va camino de convertirse en el infierno europeo. Si las lágrimas de sangre de los sirios no nos conmovieron, las de los franceses lo harán. Tengamos cuidado con esos pequeños estropicios que intentamos arreglar con chapuzas no vaya a ser que nos lleguen a salpicar, todos sabemos lo mal que salen las machas de orgullo.

TIME-Protester

Persona del año: El manifestante

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Ils sont pragmáticos

Últimamente parece como si los medios de comunicación nos desinformaran en lo concerniente a temas internacionales. Los usuarios, con el auge de las redes sociales, hace tiempo que vienen demandando más información sobre aquellas noticias de las que los medios parecen olvidarse. Si hace poco se pedía el regreso de 276 niñas secuestradas por la organización terrorista Boko Haram, ahora se reclama la vida de los 152 estudiantes asesinados en Kenia, sin olvidar a los 43 estudiantes desaparecidos en México. Masacres de gran impacto emocional que saturarían los medios si hubieran sucedido a las puertas de nuestro país. Se tiende a adjudicar la carencia de información relacionada con eventos como estos a la distinción entre “nosotros” y “ellos” que genera procesos relacionados con la deshumanización y  a problemas técnicos que dificultan el acceso de los medios como la distancia y la falta de accesibilidad  (véase ¿Te imaginas que asesinaran a 147 estudiantes en el campus Unamuno de Salamanca?). Pero, ¿es realmente así? ¿Se debe a causas técnicas y a actitudes prejuiciosas? ¿Pesan menos unas muertes que otras?

Je suis Kenyan

#IlsSontPragmáticos

Difícilmente encontraría una respuesta negativa a estas cuestiones pero no parecen ser las únicas que determinan que es noticia y qué no lo es. Si estos casos no reciben una atención mediática suficiente, si no nos bombardean constantemente con estas noticias en los medios ni se les muestra el respeto que merecen mostrando imágenes depravantes, es porque estos casos, a pesar de ser escalofriantes, no nos afectan en la manera deseada, no nos meten miedo, no atienden a las políticas del miedo que dirigen nuestras vidas.

Que unos yihadistas maten a europeos puede regalar unas eleciones a formaciones con actitudes xenófobas o aprobar leyes que limitan la libertad y coartan los derechos de los ciudadanos, que esos yihadistas maten a miles de musulmanes… no cambia nada. Que no se muestren las atrocidades que se cometen en países como Arabia Saudita nos proporciona una relación estable en la obtención de petróleo. Que se cargue contra Venezuela situándola como una de nuestras mayores amenazas reduce los votos a partidos con ciertas ideologías. Si las noticias no vienen acompañadas de efectos políticos dejan de ser noticias, se quedan en meras anécdotas.

¿Qué causas tienen más peso? La decisión queda al libre albedrío mas no hay que olvidar que los medios de comunicación fueron designados como el cuarto poder…

Kenia llora

#IlsSontPragmáticos

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Cincuenta Sombras de Libertad

Mucho se ha escrito hasta la fecha sobre uno de los libros más polémicos de las últimas décadas, Cincuenta Sombras de Grey. Todo un fenómeno fan se ha generado en torno a él, a la par que ha surgido un gran número de detractores de esta historia de amor atípica. Una de las razones de que haya levantado tantas ampollas es la dinámica dominación-sumisión que nos presenta entre los protagonistas: Anastasia disfruta siendo sumisa y dejándose dominar por el tal Grey.

Y aquí es donde desde la perspectiva de la Igualdad se genera el debate: ¿está contribuyendo el libro a la perpetuación de roles estereotipados y machistas? ¿Está normalizando la violencia de género? Podríamos contestar a esas preguntas, pero el problema es que no hay una única respuesta. Desde mi punto de vista, estas cuestiones remiten a una fundamental, una cuyo trasfondo va más allá de cuestiones de género y alcanza a la totalidad del ser humano: ¿Queremos ser libres o felices?

Ojalá pudiéramos ser siempre ambas cosas, pero en ocasiones se nos muestran como opciones contradictorias. Opciones cuya elección está mediada fuertemente por nuestro aprendizaje, nuestra educación y nuestro contexto sociocultural. Veámoslo con el ejemplo de Anastasia.

Partamos de esta base: Anastasia es sumisa y es feliz. Una aberración desde el prisma de la igualdad de género. ¿O no? Décadas de feminismo han servido para que las mujeres puedan tener libertad. Libertad de expresión, de sentirse bien con su identidad, de elección. Y Anastasia la ha ejercido. Ha ejercido su libertad y ha elegido ser sumisa. Y es feliz.cincuenta sombras

¿Pero es realmente libre Anastasia? Porque aunque sea feliz (medir la felicidad de una persona es algo que no me atrevo ni a plantear de forma teórica), puede que no sea libre. Anastasia ha crecido en un mundo donde lo femenino es lo débil. Donde los niños juegan con camiones y las niñas con cocinas. Donde los chicos malotes y promiscuos son el ideal de virilidad y las chicas con más de una pareja sexual son las facilonas que nadie respeta. Donde los hombres siguen ganando mucho más dinero que las mujeres por hacer el mismo trabajo. ¿De verdad podemos pensar que Anastasia eligió libremente?

El problema es que si educamos para crear mujeres sumisas estamos creando una falsa sensación de libertad. Anastasia eligió como si de verdad tuviera otra alternativa, cuando en realidad su educación la había predestinado a seguir el camino de la sumisión. Y es aquí, en este punto, en el que se me plantea una nueva disyuntiva: ¿Habría que darle la opción de que despertara de su sueño de sumisión feliz al igual que Morfeo lo hizo con Neo en Matrix? ¿O es la libertad un precio más que suficiente por ser feliz?

Cada cual es libre de opinar lo que quiera…

¿O no lo es?

Javier Sánchez Jiménez

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¿Crisis de identidad?

La crisis en la que vivimos nos ha llevado a perder muchas cosas. Entre ellas está el poder económico, las dependencias económicas de una gran parte de la población han aumentado. Algunos, tristemente, han llegado a perder incluso sus casas. El crecimiento del paro a dejado a muchas personas sin trabajo. Una parte de la clase social media, en parte debido a la reducción de su poder adquisitivo, ha reducido su estatus, a la vez que ha perdido la confianza en la clase alta. Los políticos están perdiendo credibilidad al quedar en entredicho sus acciones. Los recortes están acabando con la sanidad y la educación…Identidad perdida Las pérdidas son palpables tanto objetiva como subjetivamente, pero la rebelión no. Las huelgas y manifestaciones no consiguen el apoyo que buscaban. Se critica que la gente no se rebela como en otros tiempos. Nos hemos acomodado, dicen algunos. Pero, quizás, no es eso, es que aún no perdimos lo que realmente importa. Nuestras identidades siguen intactas. Las personas que se identifican ya sea con el estado ya con sus comunidades se identifican más. Al igual los que se identifican con su religión. Es más, estas identidades se han reforzado ya que las leyes de inmigración, los movimientos separatistas y el reparto de beneficios contribuyen a ello. Puede que la chispa del utópico cambio con el que soñamos, la cual ha de unirnos contra nuestras pesadillas, surja el día que todas esas identidades se vean amenazadas.

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